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17 DE AGOSTO DE 2005 ( NOTA DIARIO CLARIN)
SERGIO AGÜERO, KUN
El pibe que quiere volar
Hace unos meses, sus hermanos Mauricio y Gastón se quejaban cada
vez que pasaban por el kiosko y entre ansiedades abrían paquetes y
paquetes buscando completar el álbum del fútbol argentino. "Nos falta
este tonto", decían, mitad en serio, mitad en broma. Y despertaban las
carcajadas de Sergio Agüero que, parábola del destino, era la figurita
repetida...
"Me saqué (sic) como tres o cuatro veces", cuenta con una risa
cristalina, más allá de aquel pasado de ausencias materiales que recuerda
en cada entrevista. Y de eso se trata la vida, de sus giros
impredecibles. De un ayer de potrero en la villa Los Eucaliptos, Quilmes,
donde nacieron sus gambetas por una Coca o por un peso, hasta este
presente de tribunas rugientes, con su apellido como coro de la
felicidad. De un sueño de figurita a figura.
Y apenas tiene 17 años este pibe humilde, que hoy estaría preparando sus
valijas para el viaje de egresados pero ni siquiera pudo terminar el
secundario por las obligaciones que, prematuramente, le impuso la pelota.
Con 15 años, un mes y tres días, Kun, cuyo apodo nació de un dibujito
japonés (ver El verdadero...), es el jugador argentino que debutó más
joven en Primera División, de la mano de Oscar Ruggeri, entonces técnico
rojo. Curiosamente ante San Lorenzo, rival del domingo, el 7 de julio de
2003.
Es un martes gris sobre Villa Domínico. Sin embargo, Agüero irradia toda
su luz. Los dirigentes quieren preservarlo por tanta exposición mediática.
Por eso hay breves palabras, dos días después de sus dos goles ante
Instituto.
—¿Cómo se vive este momento? Sos la figura del fútbol argentino en
sólo dos fechas...
—Bien, tranquilo, esperando el próximo partido. Por suerte las cosas me
salieron bien en las dos primeras fechas y estoy disfrutando de este
presente, al igual que todos mis compañeros.
Sereno, a pesar de los requerimientos de los diarios, las radios y los
canales de televisión. Inclusive, más allá de aquellos que comparan su
juego con el de Romario, nada menos. Su padrino, Darío Fernández, fue el
primero que descubrió la similitud. Por sus piques chuecos, por su
gambeta, por su impronta de crack. Y César Luis Menotti lo hizo popular
este año, antes de dejar por tercera vez Independiente. De todos modos,
Kun prefiere a Ronaldo y a Carlos Tevez.
—¿Te gusta usar la "10" que alguna vez vistió Bochini?
—Sí, por supuesto. En Inferiores la llevé. Por suerte me dieron la
confianza y creo que estoy respondiendo a las expectativas.
El Bocha es el ícono rojo. Y está sorprendido con Agüero. "A los 9 años
ya llegaba al segundo palo pateando tiros de esquina. Y se saca rivales
de encima con mucha facilidad", reflexionó. No es la única habilidad del
pibe que nació en Flores, vivió en González Catán y hoy puede darse el
gusto de compartir con sus padres, sus seis hermanos, dos primos y un
amigo (José Sosa, de las inferiores) un caserón en Don Bosco. También
sabe dibujar. Y lo certifica un concurso que ganó en Holanda, con la
Selección Sub 20, donde pintó a Ronaldinho.
—Hoy Messi debutaría en la Mayor, ¿vos para cuándo?
—Siempre hay chances. Soy feliz porque él está ahí. Ojalá me toque la
Selección. Ahora sueño ser campeón en Independiente.
Le tiene miedo a las ratas y a la oscuridad, le encanta jugar al Play
Station. Detalles de la vida de este pibe que no sólo es figura en su
álbum de figuritas...
HERENCIA DE FUTBOL
El sueño del padre
Leonel Del Castillo es el padre de la criatura. Y si
Sergio Agüero no lleva su apellido es producto de la precoz maternidad de
Adriana, menor de edad cuando la cigüeña trajo a su segundo hijo al
mundo. La felicidad de ese hombre menudo, de 37 años, se refleja en cada
palabra. Su vástago, el más famoso de siete hermanos, cumplió con el
sueño que tenía de pibe, cuando era enganche en la Reserva de San Martín
de Tucumán.
Nacido en San Miguel, provincia de Buenos Aires, se mudó a Jujuy con su
papá metalúrgico. Jugó en el club Villa Urquiza, de Altos Hornos Zapla.
Unos años después, tras un fugaz paso por la tercera de San Martín,
alcanzó a llegar a la Primera del Almirante Brown tucumano. "Pero tuve
problemas con mi pase", le cuenta a Clarín, mientras espera la reparadora
ducha de su hijo. Vivió carencias Leonel, pero desde que Sergio cumplió
ocho años se dedica a acompañarlo a los entrenamientos. "No faltó nunca",
se jacta. Es más, el club le compró un auto para facilitar su movilidad.
"Me costaba llegar a fin de mes, pero siempre me ayudaron", agradece. Eso
sí, no dejó su vicio por la pelota, el que alimentaba en la Liga de
Bernal, en equipos como Dardo Rocha o El Pool. Cada vez que puede se
prende en algún picadito. Aunque está tranquilo porque, tal cual dice, "Sergio
cumplió mi sueño".
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