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VIERNES 8 DE DICIEMBRE DE 2006

Visera inmortal
La vieja cancha del Rojo, templo del fútbol mundial, es ahora una leyenda. En su último partido antes de la remodelación, una multitud, con el prócer Bochini, fue a despedirla.


La última vista de la Visera. Unos 42.000 fieles del Rojo coparon el estadio y le pusieron el calor de las mejores noches.


Bochini. el máximo ídolo presente en la fiesta de la Visera
 

No tiembla. No late. Arde. La Doble Visera de Cemento está prendida como nunca. Como ese 4 de marzo de 1928 contra los uruguayos de Peñarol. Como esta noche de diciembre, 78 años más tarde, frente a los jujeños de Gimnasia. Pero el partido, como en aquel entonces, no deja de ser una excusa. El sol pega fuerte en Avellaneda. ¿O será la luz del flash? Todos se retratan para la foto del recuerdo, para la mejor página del álbum centenario. Y sale el Bocha, recién pasadas las 18. Con la 10, rojiza. Con menos pelo, claro. Y el cuore palpita. Son más de 40.000 latidos. Se siente. ¿Y acá van a poner sólo 44.000 butacas? El estadio del futuro suena a chico cuando las emociones y la historia resulta tan grande... Pero los arquitectos, por un momento, quedan a un lado. Racing no corre con la misma suerte, je. "El que no salta, abandonó", se escucha. Se disfruta. Y salen los equipos. Ricardo Enrique, el último de la fila, como siempre. Cuesta seguir su caminar con los ojos humedecidos, enrarecidos. Y están todos. ¿Dónde habrá quedado Bertoni? Pensar que estos directivos lo convocaron de urgencia para dar una manito y lo fueron como a uno más. "Se siente, se siente, el Pato está presente", se canta. Claro, si estamos todos. "U-su-ria-ga, U-su-ria-ga..." ¿Ven? "A-güeee-ro, A-güeee-ro". Es cierto. Todo huele a gloria. A vuelta olímpica. A orgullo nacional. E internacional... "El Reeeey de Coooopas, la putá que lo parió", se voceaba con orgullo con un destino que cruzaba el Riachuelo. Y el desfile ganador se hace interminable. Santoro, Pipo Ferreiro, Pavoni, Bernao, Balbuena... ¿Un pañuelo por favor? Pasa Garisto, Outes, la Chivita Maldonado —el del mítico saludo de los brazos en alto—, Mario Rodríguez —el del gol contra Nacional para la primera Libertadores 64—... Y Maglioni. Y Semenewicz. Y Magán. Y Luli Ríos. Y Garnero. Y Mazzoni, héroe de la Supercopa 95, el último gran título puertas afuera de Independiente... La historia viviente del Rojo mueve el fútbol y los recuerdos pelota al piso. De no creer. "Ustari es del Rojo y del Rojo no se va". Con sus anteojos, el pibe Rodrigo Noya espía como detective. Porque esta tardenoche ya es de fiesta. La disfruta Villaverde, Rotchen, Pusineri entre los carteles. Y todos los que escapan a la más feliz de las miradas. Y la Chancha mete tres en el juego de leyendas. Aunque el partido lo cierra el Bocha, claro. ¿Quién si no? Corre la hora: 18.42. Sobre el arco de las vías, en ese mismo que embocó a River en la final del Nacional 78, de frente al escenario que Banana y los Decadentes llenarán de claves de sol, Bochini vence a Gay para el grito más anhelado. Para un nuevo llanto. Y eso que no salieron los titulares. Pero la gente, ávida de triunfos, está a mi lado. La cancha se llenó a pesar de contadas buenas actuaciones y triunfos clásicos, paternales. Burru no encontró el equipo. Y la reestructuración que se viene parece tardía. No había cimientos. Pero acá seguimos. El equipo no respondió más allá de que no mereció perder. Gastamos diez palos verdes y terminamos en cancha con Fede González y Solari... Pero, igual, la despedida del estadio fue a lo grande. Bombos, bengalitas, banderas, más lagrimas. Sí, "de la Visera no me olvido nunca más...".

Sólo le pido a Dios...

...que Bochini juegue para siempre. El Bocha cerró el partido de las glorias con un golazo. La metió y llegó el pitazo final. La cancha se vino abajo en la ovación al ídolo de todos los tiempos

Living la vida Roja

El cierre fue con recital de Banana Pueyrredón, Los Auténticos, Los Leales y fuegos artificiales. La gente se olvidó de la derrota y le puso condimento a una noche inolvidable.

RICARDO BOCHINI. Máximo ídolo del Rojo.
La emoción que se vive es muy grande


Más allá de tener un compromiso en Santo Tomé, no me podía perder esto. La fiesta representa, en primer lugar, una inevitable sensación acompañada de emociones grandes, porque te hace recordar todas y cada una de las situaciones lindas que se vivieron con esta camiseta y que nunca se van a olvidar, como el incondicional cariño que todos hinchas me brindan día a día, siempre.

Es emocionante haber jugado por última vez en esta cancha, eso está muy claro. Igualmente, también soy consciente de que que los clubes crecen y, por este motivo, Independiente ahora va a vivir ese proceso con la construcción del estadio. Desde ahora, me gustaría poder tener mayor participación en el futuro del club, al que veo bien como institución.

(fuente: ole.com)

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