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VICENTE DE LA MATA
Toda su vida hizo Capote
Fue uno de los grandes ídolos de Independiente. Antonio Sastre lo invitó a hacer capote -"quería decir gambeta libre"- y le quedó ese apodo. Un homenaje, a 50 años de su último partido en el club.


Su mejor gol. Ya pasó a Minella y a Wergifker. Santamaría sale a achicar, pero no podrá con Vicente.

Vicente de la Mata (padre) tiene un lugar privilegiado en la galería de los ídolos del club. Aunque los que pudieron verlo jugar ya son los menos, siempre está en el recuerdo de todos.

Fueron trece los años que se vistió de rojo y tres los goles que le sirvieron para ganarse un espacio más grande en los libros: dos a Brasil el día que debutó en la Selección y uno a River, en el que eludió a seis rivales y definió. "En mi vida hay dos equipos: Central Córdoba e Independiente. Y una gran emoción: aquel gol a River", solía repetir.

El Gallego. De la Mata nació el 15 de enero de 1918, en Rosario. De pibe pateaba en los potreros del barrio Tablada, hasta que a los 12 años empezó a jugar en Central Córdoba. Cuando llegó a la Primera compartió la cancha con Gabino Sosa. Ahí comenzó a hacer de las suyas. Las gambetas eran su especialidad y, entonces, apareció Independiente para comprar su pase. Fue a fines de 1936. El club de Avellaneda pagó 27.500 pesos por él, un "insider" con mucho gol. En esos tiempos, un kilo de carne valía 40 centavos y un litro de leche costaba cinco. Acordó un sueldo de 200 pesos mensuales más 150 por partido jugado y una prima de 5.000. "Con eso hasta mantenía a mi hermana y su hijo... Y me sobraba plata", contaba.

Antes de debutar en Independiente, tuvo una noche soñada. La que le sirvió para arrancar con el pie derecho en el fútbol grande. Fue el 31 de enero de 1937, en un partido entre Argentina y Brasil que se jugó en la cancha de San Lorenzo. Era la final del Sudamericano. Había 80.000 espectadores y casi ninguno lo conocía. El clásico iba 0 a 0 y el clima en la cancha estaba caliente porque el Chueco García le había dicho al brasileño Brandao que "si tuvieras ruedas, serías un carro". Se armó un revuelo grande, pero no se suspendió la final. A la 1.30 ya del 1 de febrero comenzó el tiempo suplementario.

Allí fue cuando Vicente entró en lugar de Francisco Varallo y convirtió los dos goles que le dieron el título a la Argentina. Después de los festejos, la gente comenzó a preguntarse quién era ese pibe. Pocos sabían que era un rosarino recién llegado a Independiente. Menos todavía conocían -ni conocieron- que en sus pagos le decían Gallego y no Capote como le pusieron después. "Estaba predestinado para hacer esos goles, yo no los busqué, vinieron solos", dijo humildemente tras el triunfo ante Brasil.

El gambeteador. "Adónde va la gente. A ver a don Vicente", era el cantito de la hinchada de Independiente en los tiempos que se había formado un trío espectacular: De la Mata, Erico y Sastre. El aporte de Vicente nacía con la gambeta. Si por él fuese, podía estar horas y horas eludiendo rivales. Su dribbling era sensacional y no era morfón. En la cancha, siempre buscaba a su compañero mejor ubicado, aunque hubo un día en el que se olvidó de todos y armó su mejor jugada. Esa que contó en cuantos reportajes le hicieron. Esa que siempre se ponía como espectacular hasta que un tal Maradona esquivó ingleses como si fueran conitos. Fue el 12 de octubre de 1939.

"La jugada la inició el arquero Bello tirándome la pelota con las manos. Primero eludí a Moreno, después a Minella y enseguida encontré otra vez a Moreno. Lo volví a pasar, haciendo lo mismo con Wergifker y Santamaría. Cuando me salió Cuello abrí el balón hacia un costado y tuve que esforzarme para que no se fuera. No daba más. La paré, levanté dos veces la cabeza -como deben hacerlo los buenos jugadores- y vi que entraba Erico pidiéndomela. Lo lógico hubiera sido pasársela y, por eso, Sirni se adelantó y salió del arco. Ahí decidí patear. La pelota le pasó por atrás, pegó en el poste opuesto y entró", relató miles de veces.

A pesar de que estuvo más en el club que Erico y que Sastre, su nombre se fue perdiendo. Pero no porque no rindiera, sino porque todos lo llamaban por su apodo. A este morocho, peinado para atrás, de frente arrugada, ojos oscuros, bigote delgado y nariz ganchuda todos le decían Capote. Aunque muchos creían que los primeros en llamarlo así fueron los periodistas, el autor fue Antonio Sastre. Los dos integraban la Selección y un día, cuando De la Mata entró por Varallo, el Cuila le dijo: "Pibe, hoy hacemos capote". Y le quedó: "Quería decir que había gambeta libre. Con él gambeteábamos hasta cansarnos. Subiendo y bajando la pelota nos olvidábamos de los demás".

El crítico. Después de Independiente, pasó por Newells y volvió a Rosario para jugar sus últimos partidos en Central Córdoba. Luego comenzó otra vida. Extrañaba jugar, era lo suyo. Aunque dirigió un tiempo a Independiente, Morón, Dock Sud y Central Córdoba, el fútbol que se jugó después de su retiro no era santo de su devoción y, por eso, pegaba duro cuando hablaba.

"El fútbol está arruinado por culpa de los técnicos que en un elevado porcentaje están en un negocio. La mayoría nunca jugó bien al fútbol y el fútbol es transmisión de conocimientos y no teoría. ¿Qué puede enseñar un tipo que cuando jugaba le pegaba de puntín?", disparó en 1975.

Su vida post-jugador fue en Rosario. Allí atendía el bar "Capote". Su vicio de grande fue el cigarrillo. Fumaba dos atados por día cuando se acostaba a las diez de la noche. "Si voy a una fiesta pierdo la cuenta.", aclaraba. Murió el 4 de agosto de 1980, víctima de de una enfisema pulmonar que le provocó complicaciones cardíacas.

Su nombre quedó en la historia de Independiente. Ahora está puesto para siempre en uno de los sectores de la platea del estadio. Al lado está el palco Arsenio Erico y pegado a éste, el sector de plateas Antonio Sastre. Para que el trío nunca se separe.

TIENE LA PALABRA - Vicente de la Mata (hijo)
Independiente era su vida
Mi viejo quiso a Independiente con pasión. Era su vida. Y... ahí vivió sus mejores momentos. Era un tipo simple. A pesar de la plata que ganaba, no tenía casa propia. Vivíamos en una alquilada, en Alberdi y Varela, Flores. Y tampoco tenía auto. Para ir a la cancha se tomaba el 12 hasta el puente de Barracas y de ahí se iba caminando. Eso sí, le gustaba vestirse bien. Empilchaba de primera.

Después de los partidos, siempre se iba con mi mamá a Rosario. Le encantaba, era su ciudad. Visitaba a la familia y se volvía el martes a la mañana para empezar con los entrenamientos. También se iban juntos por Corrientes a ver las orquestas de Troilo y Pugliese.

Siempre decía que Gabino Sosa, Rubén Bravo y Arsenio Erico eran los mejores jugadores que vio. Era muy crítico con el fútbol que se jugó después de su retiro. Pero Rojitas, Alonso, Potente, Maradona y Bochini eran de su gusto.

TIENE LA PALABRA - Carlos Sola. Ex vicepresidente de Independiente.
Habilidad e inteligencia
T
uve la fortuna de ver jugar a Vicente de la Mata (padre) desde que debutó en Independiente hasta que se retiró, aunque con él no tuve una relación tan particular como con Antonio Sastre o Arsenio Erico. Ellos tres formaron una delantera famosa y brillante. Vicente era un jugador excepcional, está entre los más grandes de la Argentina. Era muy veloz y a eso le sumaba habilidad e inteligencia. Se movía como armador, pero también era goleador.

De los tres que formaron esa gran delantera campeona en el 38 y 39 fue el que más tiempo siguió jugando en el club.

Como persona era un hombre muy franco, muy directo. Pero también hay que decir que era muy leal porque cuando opinaba de alguien o de algún tema no tenía intención de herir a nadie. Solamente decía lo que pensaba, por más duro que fuera.

 
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